Alada
la vergüenza se despoja
de su herida yugular
y cabalga a lomos
de la palabra desinhibida,
fugaz, asteroide,
le silba la bala al alba
en un disparo de noche
y se agazapa en el rubor
del horizonte;
ya desentierran el náufrago fuego
asoma el calor de dos cuerpos celestes,
tan cerca que queman
al lado uno del otro,
alados.
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