martes, 8 de marzo de 2011

Ese extraño sabor


Con este amargor tan extraño se me hace cada vez más difícil disfrutar de la cena… ¿será por el pan que hacen aquí? Emiliano apura las últimas lonchas del chorizo que le dio su mujer antes de subir al tren. Aunque han pasado ya cinco semanas desde que se despidieron, aún nota el calor de sus labios en la mejilla, y eso que el invierno en Zurich cala hasta los huesos. Hoy el tranvía se retrasa más de lo normal, ya está empezando a anochecer. Emiliano se sacude las migas del abrigo y alza la vista hacia la primera ventana que se ilumina en lo alto del edificio que domina la plaza Bahnhof. La cálida luz dibuja la silueta de una mujer con un bebé en brazos. No es el pan, piensa. Es el exilio.

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